Violet Light

10.09.2007

Location: 

Alvaro Alcazar Gallery, Madrid, Spain

Dates

SEP 10 - OCT 15, 2007

SIMON EDMONDSON : REVELACIÓN DEL INSTANTE

Hace unos años, comentando una exposición madrileña de Simon Edmondson, recordaba un verso de Dylan Thomas frente a uno de sus cuadros, en el que se veía una estancia neoclásica que parecía haber sufrido un terremoto o un bombardeo : "Rage, rage against the dying of the light", rabia, rabia contra la agonía de la luz.

Esa atrevida asociación poética no era azarosa, quizá porque hay un cierto tipo de poetas a los que su pintura parece atraer como si fuera un misterioso imán. Pienso en el citado verso de Dylan Thomas, pero pienso también en el T.S.Eliot de esa epopeya contemporánea llamada "The Waste Land", en la que se condensa el caos y la angustia del hombre de nuestro tiempo en un palimpsesto infinito.

Las imágenes rápidas y cambiantes del poema de Eliot han hecho que se lo considere un poema cinematográfico, pero también podríamos imaginarlas como fotos fijas inspiradoras de visiones plásticas. No ilustraciones, pero si convergencia de sentimientos, encuentro de emociones. Los escenarios que nos evocan las pinturas de Simon Edmondson tienen esa luz crepuscular de "Ciudad Irreal, / Bajo la parda niebla de un mediodía invernal" (1) y no sólo cuando cita directamente "At the violet hour", esa hora de la tarde que nos empuja de la intensa luz del día a una algodonosa oscuridad que ansiamos y tememos a la vez.

Las escenas pueden estar vacías, como el interior de un compartimento de un tren nocturno o de un gran salón en ruinas, o pobladas de personajes presuntamente importantes como los que se sientan en los escaños de una asamblea o los que forman una manifestación bajo la lluvia, pero siempre tendrán ese aura fantasmal, ese vaho neblinoso, que les confiere irrealidad en el sentido de inmaterialidad. Ese ser y no ser de las huellas en el aire, de las energías ectoplasmáticas que parecen los huidizos residuos de un sueño. Imágenes que tuvieron cuerpo pero que tienden irremediablemente a desaparecer, que debemos esforzarnos para que permanezcan en nuestra memoria y no nos las arrebate el olvido.

Norbert Lynton escribió que las obras de Edmondson "expresan a la vez una profunda solidaridad con el ser humano y un horror no menos profundo ante la opresión de los sistemas de gobierno y control. El artista se alinea así con los muchos que en los tiempos modernos han dedicado su arte a protestar en nombre de la humanidad, representando actos de agresión y opresión o creando símbolos de tiranía y crueldad autorizada." (2) En efecto hay una lectura legítima de sus cuadros que nos habla de esas referencias de denuncia del poder, de los poderes políticos o religiosos, pero están realizadas con una sutileza que si bien no las desarma, las universaliza y las trasciende. Esa fría reflexión sobre el poder no es nunca panfletaria, quizá gracias a esa atmósfera de irrealidad que respiran todos sus cuadros, ni tampoco la única línea temática de su trabajo. Aunque contagie y contamine de alguna forma a otros argumentos más intimistas, entre los que prevalece el sentimiento de soledad y de fugacidad del tiempo.

Los espacios vacíos y ruinosos, no sólo rotos sino también desdibujados, son una alusión directa al pasado, no pueden estar más que en el pasado, allí donde eran otra cosa, una realidad entera y perfecta, hoy devastada. Una infinita nostalgia, por un tiempo tal vez dorado, pero siempre perdido es el gran tema de muchos de estos cuadros. Esos momentos que la pintura rescata y a los que asegura su permanencia transformándolos en una imagen imperecedera. Ese es el milagro de la obra de arte, esa revelación del instante válido justamente porque está siendo revelado. Y justo en la medida en que nos entrega el temblor de la creación. El arte deja de ser exclusivamente representación y contemplación, también es intervención sobre la realidad, usando palabras de Octavio Paz: "Si el arte es un espejo del mundo, ese espejo es mágico: lo cambia". (3) Transmutación de la realidad.

Evanescencia, soledad, desdibujamiento: horas crepusculares y espacios fantasmales. Y nada es casual. La impresión, minuciosamente estudiada y conseguida, lo es gracias a una rigurosa técnica de disfraz de la técnica, de búsqueda de lo otro en la propia pintura, en la misma fábrica del artista, en su taller, en su cocina.

Casi todos los cuadros que Simon Edmondson exhibe en esta muestra son, sorprendentemente, óleos sobre lienzo, pero podrían parecer acuarelas. La tela se disfraza de papel, gracias a esos blancos rotos como espacios sin pigmentar, a esos trazos que imitan el grafito, apenas figurados. Y los aceites y los pigmentos se adelgazan hasta parecer aguas resbaladas, y las veladuras parecerían rápidos brochazos al gouache, a la aguada. Esa impresión de facilidad, de enorme rapidez en la factura aparentemente gestual, una impresión que inmediatamente descubrimos como engaño o trompe-l'oeil, es el arma definitiva para hacernos entrar en esa atmósfera milagrosa y fatal, enfermiza. El pintor pinta veloz para que el instante no pueda escapar, y con todo es tan frágil, tan fugaz, tan sutil. Sólo queda el verso, el cuadro, atrapado ya en su revelación.

La poesía siempre conversó con la pintura. El terreno de ambas está del lado de allá, y para las dos pudo decir Paul Verlaine en su arte poética: "De la musique avant toute chose." La música antes que nada. La música, cuya convocatoria es también inevitable ante estos cuadros, con su inespacialidad, con dibujo modulado y fugitivo y su carga de sentimiento oscuro, de soledad, de tiempo irremediable.

Permitidme volver al recordado verso de Dylan Thomas frente a uno de los cuadros de Simon Edmondson, en el que se veía una estancia neoclásica que parecía haber sufrido un terremoto o un bombardeo: "Rage, rage against the dying of the light", rabia, rabia contra la agonía de la luz.

MARCOS-RICARDO BARNATÁN
Madrid, abril de 2007.

NOTAS

(1) "Unreal City/Under the brown fog of a winter noon" T.S. Eliot en la traducción castellana publicada por Angel Flores en el año 1930.

(2) "Simon Edmondson" por Norbert Lynton. Galería Jorge Mara. Madrid. 1996.

(3) Octavio Paz. "Los hijos del limo". Seix Barral. Barcelona. 1974.