"MITOS PERDIDOS DE VELÁZQUEZ"

Las tres escenas mitológicas pintadas por Velázquez y perdidas en el incendio de 1734

Simon Edmondson


'Otros dos quadros yguales de entrebentanas de a tres varas de ancho y vara de alto de dos

fabulas, la vna de Apolo desollando vn satiro, y la otra de Mercurio y Argos con vna vaca,

ambos originales de mano de Belazquez.'

'Otros dos quadros yguales de á vara de alto y vara y media de ancho, el vno de Adonis y Venus;

y el otro de Siquis y Cupido originales de Belazquez.'

Extracto de inventorio Real 1666.


Hay un paralelismo con este proyecto en desarrollo: durante mi lectura descubrí otra manera de introducirme en la mentalidad de Velázquez. En el incendio del Real Alcázar se perdieron más de 500 obras de arte, incluidos muchos cuadros importantes de Tiziano, Tintoretto, Rubens y Velázquez. La única en salvarse de las llamas de las cuatro escenas mitológicas de Velázquez que estaban colgadas en el Salón de los Espejos fue Mercurio y Argos. Actualmente se expone en el Prado, y pese a haber sufrido cambios y añadidos sigue considerándose como una de las obras más interesantes de la última época del gran artista. Los Inventarios Reales de finales del siglo XVII nos informan de que los tres cuadros perdidos eran representaciones de Venus y Adonis, Apolo y Marsias y Psique y Cupido. Gracias a estos mismos inventarios podemos formarnos una idea bastante exacta del tamaño de los lienzos, y saber aproximadamente dónde estaban colgados. De lo que no tenemos la menor idea es de su aspecto.

Me imagino las cuatro pinturas, cada una con su pareja pintada a la misma escala, formando una especie de friso a la altura de los ojos por encima de las famosas mesas con leones por toda la pared sur del gran salón de estado. Se ha propuesto que fue el propio Velázquez el que decidió dónde colgar los cuadros en la sala, y que podrían estar interrelacionados entre sí. (cf. Orso). En mi prosaica visión, con el atardecer rojizo en el Retrato de Carlos V a caballo de Tiziano, avanza el soberano, lanza en ristre hacia el crepuscular país de los dioses pintados por Velázquez.

Mi idea, en este caso, ha consistido en pintar estas tres historias perdidas de Ovidio siguiendo el mismo tratamiento, en cuanto a ambiente, luz y técnica, que en Mercurio y Argos, la única que sobrevive. La tensión de este último cuadro se debe a una atmósfera de suspense y premeditación, que también he intentado mantener de varios modos. Ha sido interesante tener que decidir qué momento habría elegido Velázquez dentro de cada historia. En este caso he optado por el formato de parejas en paisajes, flanqueando las dos violentas escenas centrales con la muerte de Adonis, a la izquierda, y la resurrección de Psique a la derecha.