"SPREZZATURA"
Simon Edmondson
'Pues lo que de irracional hay en el hombre intuye lo irracional del mundo.'
Hermann Broch, Huguenau o el realismo
Me parece oportuno dedicar esta exposición a Francisco Calvo Serraller, aunque no sé muy bien qué le parecería. De este proyecto hablamos poco. Sin embargo, fue él quien se ocupó de que en junio de 2013 pudiera dirigirme a los «Amigos del Prado» para presentar estas ideas dentro del ciclo de conferencias Enfoques, algo por lo que le estaré eternamente agradecido. Echando la vista hacia atrás me doy cuenta de que todas estas obras tratan más de mi propia orientación pictórica que de las revelaciones que puedan sugerir en materia de historia del arte. En esta coyuntura, para mí, ha adquirido especial importancia la larga tradición de estudiar a los «maestros», para redefinir mi percepción de la importancia de la pintura y del porvenir de esta última. Ahora estamos en el siglo XXI y en algún punto existe una tradición que indicará el camino hacia un nuevo tipo de pintura.

Retrocediendo hasta el año 2007, y a mis primeros pasos y preparativos para el cuadro Hospital-Palace, veo que estaba volcado en un planteamiento analítico, pero que con las versiones sucesivas mis esfuerzos fueron girando más y más en torno al mundo actual, de una manera más autobiográfica, y recalcando aspectos humanos simples pero irracionales.


A menudo me preguntan: ¿pero por qué un hospital?
A mi modo de ver, es la parte más interesante de la idea. El ambiente de hospital tiene la capacidad de conmover profundamente, de subrayar con su silencio y su pasividad lo frágil y pasajera que es la vida, la esencia misma de nuestro ser. Ahora, al mirar Las meninas, pienso: « ¿Qué estoy viendo?» Y mi conclusión es que la obra debe su potencia a su humanidad y claridad. ¿Qué más da si esconde esos secretos tan ansiados por infinidad de escritores e historiadores del arte? Antes de los doce años, a la infanta Margarita ya la habían pintado seis o siete veces. Cada una de estas obras requería posados bastante largos. La explicación más sencilla del misterioso grupo es que la entretienen con el objetivo de que se quede quieta el tiempo necesario para que haga algún progreso el pintor. Estas figuras de apoyo no se incluían en el retrato oficial, pero no dejaban de ser necesarias para su producción. La mayoría de estos retratos oficiales los enviaron de inmediato a Viena, donde aún siguen. Cabe suponer que durante la juventud de la infanta se presenciasen a menudo estas escenas de grupo, u otras similares. Es muy posible que en un momento dado, durante uno de estos posados, Velázquez, o incluso el rey o la reina, pensaran: «Vamos a pintarlo todo, a todos juntos, en un cuadro privado, solo para nosotros».
Lo cierto es que no existe ningún encargo oficial ligado a esta obra. Estuvo colgada en el pequeño despacho privado del monarca, y no se expuso en público hasta ciento sesenta años después, con la apertura del Prado en 1819. Además, su título original, Retrato de la señora Emperatriz con sus damas y una enana, y luego, La familia de Felipe IV, hacía énfasis en el carácter personal del principal motivo de la obra. Velázquez ideó soluciones para que aparecieran todos juntos. Es lo que explica la presencia del espejo, y la del lienzo en el que aparece trabajando, una pequeña licencia artística cuyo análisis, a mi entender, conviene no llevar demasiado lejos. Esta informalidad, este motivo espontáneo y atípico, es lo que distingue esta obra maestra, haciendo que hoy se nos antoje un cuadro de una modernidad excepcional. En mi libro explico lo que tiene el cuadro de «obra in situ», en el sentido de que las dimensiones y las proporciones del lienzo se decidieron meticulosamente desde un primer momento, y de que en el lugar donde acabó colgado debía de haber un componente de trampantojo.

Ante todo quiero dar las gracias a Álvaro Alcázar, por todo el trabajo que hemos hecho juntos a lo largo de los últimos 25 años, y muy especialmente hoy por permitirme colgar estas obras monumentales en su maravilloso espacio de la nueva galería. Es esta la primera vez que estas obras son expuestas en Madrid. En Londres, en el año 2012, Serena Morton organizó la participación de Hospital-Palace, en Material Matters en el East Wing del Courtauld Institute, Londres. François Ditesheim and Patrick Maffei expusieron una extensa selección de obras relacionadas en 2016 en Neuchâtel. En Febrero del presente 2019 también montaron una exposición individual con muchas obras, llamada About Velázquez, incluyendo Alcázar 2014, 318 x 276 cm , en la feria de Artgenève 2019. Quiero aprovechar estas líneas para agradecer a Ditesheim et Maffei Fine Art su inquebrantable y constante apoyo durante muchos años, a lo largo de los cuales nos ha unido también una gran amistad.

La verdad es que no me habría embarcado en este análisis de Las meninas de no ser por unas circunstancias muy concretas que me hicieron prestarle especial atención. Es una obra que se han abordado demasiadas veces, casi siempre a expensas del original, de un modo u otro, pero no puede negarse que brinda una oportunidad única en su género. Las circunstancias me han permitido volver al sitio y al momento exacto, y seguir desde el principio hasta el final el proceso de creación de otras obras paralelas. La sala del Real Alcázar que vemos detrás de la infanta Margarita existió de verdad, y al conservarse los dibujos arquitectónicos, podemos comprobar que está reproducida con fidelidad topográfica. Gracias a ello se puede recrear el espacio desde cualquier punto de vista, no necesariamente el que eligió Velázquez, sino otro en caso de necesidad. La luz entra en la sala por siete grandes ventanas con contraventanas, de cuatro metros de altura, de me hice igual en mi estudio para que me sirviera como atrezo de iluminación.
En mi libro HOSPITAL-PALACE. Un pintor responde a Diego Velázquez explico a fondo todo lo que descubrí, los preparativos y técnicas que utilicé y el hecho de que la serie de cuadros que fui pintando me condujo por una senda paralela a la que siguió Velázquez en 1656. Digamos, para no extendernos, que en mis obras el antiguo Real Alcázar de Madrid, consumido por las llamas en 1734, ha sufrido una reconversión moderna como hospital o albergue, un poco como el castillo de Madresfield descrito en Retorno a Brideshead.

Un cuadro muy grande destinado a una sala relativamente pequeña. En mi cuadro Despacho del Rey se ve cómo debían de estar colgadas en su día Las meninas.
Las dificultades físicas que comporta trabajar con un lienzo de estas dimensiones me han hecho sentirme más cerca del gran pintor. El reto de proporcionar las figuras en el espacio, la composición, la mezcla y yuxtaposición de los colores y los magistrales toques finales de Velázquez me han aportado más de una revelación, como esperaba, y he podido ahondar en ellas en diversas versiones.